En nuestro primer capítulo sobre la historia de la Fórmula 3 chilena narramos los pormenores de la primera carrera de esa temporada inaugural de 1984 disputada el 17 de marzo en Las Vizcachas, pero más allá de ese histórico momento, del triunfo de Alejandro Schmauk y del inminente debut de los motores de 1.400cc (derivados del Renault 9) lo cierto es que ese campeonato quedó marcado con letras destacadas a partir de una definición por el título muy atípica, poco comentada en su minuto, pero que con el correr de los años ha cobrado tintes enigmáticos que sus propios protagonistas nos aclaran sin rodeos ni medias tintas.

Los protagonistas de ese primer torneo de F3 nacional fueron Kurt Horta Cáceres y Juan Carlos Ridolfi Calandria, dos referentes del automovilismo nacional, quienes llegaron a la 12ª y última fecha con la opción de convertirse en el primer campeón de la naciente categoría.

Para Lito el 2 de diciembre de 1984 tiene un valor muy especial, puesto que en ese caluroso domingo primaveral en Vizcachas no solo disputó la chance de transformarse en monarca nacional, sino que además horas antes se dio el gusto de finalizar sexto en la última visita de la F2 Codasur a nuestro país.

Precisamente los compromisos de Ridolfi en la categoría sudamericana impidieron que el ex campeón chileno de F4 se presentara en tres de las cuatro primeras fechas del naciente torneo de F3. Es más, hasta fines de junio el nacido en Mendoza seguía con la mente puesta en sus planes internacionales, sin embargo la carencia de recursos sumada a una solicitud muy especial cambiaron sus planes.

“Venía de competir en la F2 Codasur y mi papá no estaba del todo bien de salud, por lo tanto mi prioridad no era regresar a los circuitos nacionales, sino que él se recuperara bien. Recuerdo que Rodrigo Neira partió la temporada corriendo con el auto RR01 de mi padre, pero luego de tres carreras Remo me dice ‘¿cómo voy a estar arrendando un auto siendo que tengo a mi hijo que es piloto’. Ante esto decidí volver y empezar de nuevo”, nos comenta Ridolfi desde su actual taller de rectificación ubicado en calle Portugal.

En teoría no participar en el 25% de las carreras de un campeonato es sinónimo de perder toda chance al título, pero Ridolfi increíblemente logró revertir ese hándicap hasta el punto de ganar dos carreras y sumar cinco podios adicionales que lo llevaron a afrontar esa prueba final de 1984 a solo 7 puntos del líder de la clasificación Kurt Horta, quien paradójicamente era su compañero de estructura en el taller de Remo Ridolfi.

“Estábamos en un equipo distinto, pero bajo un mismo taller, así que incluso llegué a probar los autos de Viceroy (de Kurt Horta y Giuseppe Bacigalupo) cuando alguno de ellos tenía problemas. Con el paso de las fechas recibí el apoyo de Toyota que se ponía con dinero para los neumáticos y la bencina, y a partir de ahí en base a trabajo duro se dieron los resultados. Si bien nos quedamos botados en algunas fechas como Rancagua, donde dañé una llanta tras pegarle a una cuneta, en el resto nos fue bastante bien y llegamos a la última fecha con posibilidades de ser campeón”, comenta Juan Carlos a la hora de repasar su campaña 1984 en la que fue el piloto más rápido al anotarse 3 pole positions.

La velocidad de Ridolfi quedó reflejada en la tan esperada última fecha al marcar el mejor tiempo de la clasificación al circuito largo de Vizcachas (contra los punteros del reloj) imponiendo una diferencia de prácticamente medio segundo de ventaja sobre su máximo escolta Clemente Gimeno y de 9 décimas con respecto a Kurt Horta, quien mantenía su aplomo habitual consciente que en carrera le bastaba con obtener un cuarto lugar para ser campeón de la F3, incluso aunque Lito ganara la carrera.

Una vez que se encendió la luz verde del semáforo el foco de atención se centró en dos polos, por una parte en ver cómo Ridolfi se las rebuscaba por ir en demanda del triunfo que le diera la posibilidad de soñar con la corona, y por otra en la estrategia que utilizaría el Kuto” para defender su ventaja en el ranking.

Hasta la séptima vuelta Ridolfi luchaba denodadamente por la punta con un agresivo Santiago Bengolea, sin embargo, en el giro siguiente su sorpresa sería total cuando al pasar por zona de boxes la pizarra de su equipo le avisaba que Kurt Horta había abandonado la carrera.

Si, luego de 9 carreras consecutivas en zona de puntos Horta se veía obligado a bajarse de su auto a raíz de la rotura en la cruceta del eje trasero de su Tulia 21 Renault, ante lo cual todo el favoritismo recaía intempestivamente para el lado de Ridolfi que solo dependía de si mismo para adjudicarse el título.

“Cuando el auto falló se me detuvo el corazón”, reconocería tras la carrera Horta, él que tras su inesperado retiro no tuvo más opción que suplicar a todos los santos por un triunfo de su rival de siempre Santiago Bengolea.

Sin Horta en la pista toda la atención se centró en la lucha por el liderato entre Bengolea y Ridolfi, una disputa con alta dosis de emoción, adelantamientos y roces que mantendría al público ubicado en los cerros de Vizcachas con la adrenalina a tope.

“En esa fecha ‘Kuto’ abandonó muy temprano y yo venía prendido, pese a que era uno de los pocos pilotos que daba la ventaja de correr con el motor de 1.020 cc en lugar de los 1.400 cc que ocupaba el resto. En la recta hacia abajo Santiago Bengolea me mataba, pero logré mantenerme cerca hasta que Santiago se equivocó y lo superé antes de la olla. Ahí le hice una diferencia atómica porque en la parte de los mixtos andaba mucho más rápido que él”, rememora a la distancia Ridolfi, ratificando la superioridad que había mostrado en la tanda de clasificación.

Todos tenían claro que el auto del “Lito” era el más veloz de los 18 que tomaron parte de la prueba, sin embargo, de un momento a otro la ventaja del auto blanco y rojo se desvaneció hasta el punto que Bengolea recuperaría el liderato. A partir de ese instante se iniciaría una nueva fase de dramatismo que se prolongó hasta la mismísima última vuelta con Santiago ganando la carrera por nariz, con apenas 20 milésimas de ventaja sobre Ridolfi en una de las llegadas más apasionantes en la historia de la F3.

Desde las tribunas se escuchaba el clamor del público que vitoreaba la faena de los protagonistas, en boxes Horta respiraba hondo al ver como el triunfo de Bengolea le terminaba dando el ansiado título de 1984, pero en zona de boxes el clima era de tensa calma, pues lo que desde afuera lucía como una carrera brillante en realidad se había resuelto por razones que van más allá de lo puramente deportivo, tal como lo explican hoy en día tanto Ridolfi como Horta.

“Una vez que tomé la punta superando a Bengolea pensé la situación, sabía que mi padre Remo tenía un compromiso con el equipo Viceroy (de Horta y Bacigalupo), ante lo cual preferí terminar segundo y no perjudicarlo a él. Por ende bajé el ritmo y dejé pasar a Santiago para luego mantenerme cerca de su posición hasta cruzar la meta segundo”, confiesa sin aspavientos Ridolfi.

Consultado sobre si ha sentido alguna clase de arrepentimiento con el paso del tiempo ante esta decisión que le costó el título, Juan Carlos es claro. “No, para nada, ya que uno por su viejo hace cualquier cosa. Para algunos fue correcto, para otros no, pero en la vida hay que tomar decisiones y yo la tomé ese día”, afirma con total seguridad.

Desde la otra vereda Kurt Horta admite que la definición de 1984 traspasó la barrera de lo deportivo, pero dejando en claro que cada uno de los involucrados actuó de manera correcta al privilegiar el espíritu colectivo y los intereses comerciales de sus equipos en lugar de las ambiciones personales.

“El viejo Remo sabía cuidar a sus auspiciadores. En ese momento yo era el piloto número 1 del equipo, por lo tanto era lógico que ‘Lito’ siendo el número 2 tuviese que levantar. Yo estoy agradecido de su decisión, pero en el fondo es parte del cuento. Si la situación se diera ahora sucedería lo mismo. A mi me pasó algo similar al año siguiente con Bacigalupo en el equipo JPS (John Player Special), cediendo mis opciones de ganar carreras para favorecer las opciones del team. Así es el automovilismo”, sentencia tajantemente Horta, el piloto de F3 que quizás mejor conoció los pro y contras de correr en estructuras donde las órdenes de equipo eran claves en los resultados finales, tal como ha acontecido en la mismísima Fórmula 1 con casos tan emblemáticos como el de Ferrari en la época de Michael Schumacher y Rubens Barrichello a inicios de este siglo XXI, cuando estaba claro que el brasileño era el claro escudero de “Schumi”.

En 1984 la naciente F3 chilena hizo vibrar a los fans, motivó el ingreso de nuevos sponsors y dio muestras de ser un espectáculo con gran potencial, pero a nivel interno todos tenían claro que lo deportivo no siempre primaba. Remo Ridolfi y todo el team Viceroy fueron un buen ejemplo de aquella realidad, estando plenamente conscientes en la antesala a la última fecha que Kuto Horta debía ser el campeón, ante lo cual actuaron de acuerdo a las circunstancias… aunque esto paradójicamente no traería consigo la continuidad del preparador oriundo de Argentina en la escudería de la Compañía Chilena de Tabacos, historia que será motivo de otro artículo en nuestros próximos capítulos vintage.

BLOQUE VINTAGE: DEFINICIÓN DEL TÍTULO 1984: CUANDO EL DEPORTE NO LO ES TODO

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