Durante finales de los ’80 y principios de los ’90, Julio Infante se convirtió en una de las figuras más destacadas de la F4 (campeón en 1987) y F3, sin embargo, su norte siempre estuvo fuera de las fronteras, y así fue como tras mucho esfuerzo logró cumplir el sueño de correr en el automovilismo argentino, medio en el que se mantuvo por ocho años cosechando un respeto que muy pocos chilenos han conquistado al otro lado de la cordillera. Aquí su historia.

DEBUT EN LAS PISTAS

Fue con un Ford que usó en su época Bartolomé Ortiz, los que corríamos en una categoría de autos antiguos. Uno de ellos ahora está en el museo de Jesús Diez y el otro en el museo de Carlos Cardóen.

No era un auto lógico para debutar, pero como mi papá corría en ese era lo que había. Debuté con 18 años y luego pasé a las Monomarca Fiat 125, a la F4 y a la F3, pero ahora veo que los pilotos llegan con 20 años a la Fórmula 1. Es algo que no me deja de sorprender.

REALIDAD DEL AUTOMOVILISMO CHILENO EN LOS 80

Me tocó vivir una época buena del automovilismo chileno en pista. Por ejemplo, cuando participé en la Monomarca Fiat 125 llegaron a correr 28 autos, lo que era una excelente cifra. Autos rápidos, bonitos, teníamos competencias muy reñidas, lo que traía muchas polémicas posteriormente. Hoy en cambio veo carreras en Argentina donde incluso le ponen pontones a las máquinas para que puedan ir a la chapa. Es parte de lo que debería ser el espectáculo.

En retrospectiva la F4 no te podría decir que era una categoría linda. Corríamos pocos autos, había que llamar a los preparadores en la semana para que los tuvieran listos para las competencias, pero agarramos un periodo muy lindo hasta 1987 en el que aprovechábamos el éxito que tenía la Fórmula 3. Hasta la muerte de Sergio Santander el automovilismo en Chile venía alucinante, con muchos autos, buenos pilotos, equipos y sponsors. Si bien después el nivel decayó, se mantuvo en una senda positiva hasta 1994 con intentos organizativos válidos, pero del 94 al 99 -que fue lo último que hice en pistas nacionales- la cosa se puso fea. Intentaba motivarme, llegaba con ganas a las fechas, sin embargo, esto me duraba hasta que veía los autos, que estaban muy mal presentados y con poquísima preparación.

PRIMER ACECAMIENTO A ARGENTNA

Traté de ir a la F3 Sudamericana con 20 años, pero no hubo caso. Me había conseguido un súper precio de 7.000 dólares que no era mucha plata para la categoría, pero sencillamente no obtuve las lucas que eran necesarias.

En 1998 coincidí con un argentino y le pregunté por la realidad de la Fórmula Súper Renault de su país. Me contó que usaban autos de años anteriores de la F3 sudamericana, 2.000 cc, 200 HP, hechos de fibra de carbono y con tecnología de punta. Eso, más lo que sabía por mi lado siguiendo la actualidad a través de la revista Corsa me hicieron tomar la decisión de embarcar rumbo a Argentina en 1999. A la primera fecha en Mar del Plata fui como espectador, pero rápidamente hice los contactos pertinentes y a la carrera siguiente ya estaba debutando en Paraná.

TEMA ECONÓMICO

No era un tema presupuestario fácil, pero podía hacer ese esfuerzo sin tener que recurrir a terceros, ya que mi trabajo full time de toda la semana me permitía juntar los recursos para asistir a las competencias.

Durante un año junté a 10 amigos que me ayudaran con 200 dólares y así logré correr. Por otro lado logré reducir gastos operaciones en mi empresa, lo que me permitió generar ahorros que traspasaba al tema de las carreras. Esto en Chile la gente no lo logra entender, pero en Argentina muchos pilotos hacen sacrificios tremendos, dejan incluso de lado sus trabajos para correr.

CAMBIO DE ENFOQUE

Mi definición de mi experiencia en Argentina es que fue alucinante. Llegué con 33 años y me tocó compartir con pilotos mucho más jóvenes que yo, como Matías Rossi (a la postre campeón argentino de TC y TC2000), Cristian Ledesma, Matías Russo y Cristian Klissling. Tuve que cambiar mi enfoque, ya que los autos llegaban al final de las rectas a 250 km/h y además por primera vez me enfrentaba ante la dificultad de transitar por curvas rápidas, las que no existen en nuestros autódromos.

RECUERDOS DE PARANÁ Y ALTA GRACIA

En Paraná por ejemplo pasaba la curva 1 en 90 grados a 235 km/h en quinta a fondo. Recuerdo que en un inicio le decía a mi mecánico aquí llegó en quinta, bajo un cambio, y él me contestaba “no, no, no, aquí no tienes que bajar ningún cambio”. Yo no lo podía creer. Era insólito. Cuando pasaba en los días previos a la carrera por esa curva en auto de calle consideraba que era casi imposible pasar a la velocidad que me decían.

También estaba el caso de Alta Gracia que tenía una curva rapidísima en quinta a fondo. Al principio desaceleraba y después de algunos intentos empecé a pasar más fuerte, pero siempre tocando un poco el freno, hasta que decidí mandarme finalmente a fondo.  La primera vez que lo hice debo haber girado el volante medio metro antes de lo ideal, se me fue el auto y terminé con un trompo impresionante.

Me fui aclimatando, hacíamos en promedio más de 400 kilómetros de pruebas antes de cada carrera, lo que me permitía llegar con un mejor feeling a las competencias.

EL CAMBIO DE CHILE A ARGENTINA

No me golpeó. Era lo que esperaba, lo que soñé siempre. En Chile me tocó lo que había, no era lo que soñé, ni buscaba. Era triste ver que todo se había traducido a correr solamente en Las Vizcachas, circuito corto o largo, para arriba o para abajo. De ahí no salíamos.  Mis ganas de correr afuera estuvieron por muchos años y cuando se dio la oportunidad en Argentina lo disfruté al máximo, ya que nunca me cansé de alucinar con el nivel de profesionalismo y pasión que tienen ellos por este deporte.

ASPECTO FÍSICO

Recuerdo la primera vez que corrí en La Plata el curvón grande de esa pista terminó por “asesinarme” el cuello. Los niveles de fuerza G en las pistas argentinas era tan superior al de las chilenas que me vio obligado a trabajar muy duro en la parte física.

BREAK EN EL AÑO 2001

Estuve tres temporadas en la Fórmula Súper Renault, con un paréntesis el año 2001 cuando el dólar en Chile estaba a 700, lo que por el cambio con el peso argentino se me hacía imposible costear. En este periodo los argentinos se devaluaron 3 a 1 y eso me permitió volver en el 2002.

AÑOS EN LA FÓRMULA SÚPER RENAULT

Durante los dos primeros años pagué las consecuencias de correr con un chasis Ralt, del que tenía muy buenas referencias a partir de los triunfos que había conseguido Martín Basso, pero resultó que era inferior a los chasis Dallara y los TOM’S. En el 2002 conseguí un TOM’S, el mismo que había usado en 1993 Jacques Villeneuve en la F3 japonesa. El auto lo compró Victor Rosso (actual jefe de TC2000 argentino) y la verdad que anduve bastante bien, aunque esa temporada tuvimos bastante mala suerte. Por ejemplo en el circuito Óscar Cabalén estaba haciendo muy buenos tiempos en la clasificación, hasta que se presentó una falla eléctrica que me obligó a largar último. En San Juan andaba fuerte, pero se me rompió el embrague. Lo importante es que siempre estuve en el grupo puntero. Tuve una carrera en que llegué segundo, peleándole por instantes la punta a Matías Rossi bajo la lluvia en Oberá. Ese fue el único podio que obtuve en Argentina.

Tuve una racha después de casarme en que obtuve un quinto, un cuarto, un segundo y otro cuarto puesto en carreras consecutivas, pero en definitiva panas tontas me privaron de haber terminado el campeonato más adelante.

Estuve en el grupo puntero. Había tres pilotos más rápidos, pero si debo decir que nunca entendí como Matías Rossi me sacaba siempre 8 décimas por vuelta. Está claro el talento que tiene y el apoyo que tenía de su equipo, pero me pareció una diferencia excesiva ya que siempre me las rebusqué en las pruebas para reducir ese gap pero nunca pude.

Mi referencia durante mi etapa en la Fórmula Súper Renault era mi jefe y coequipo Gabriel Massei. Él testeaba mis autos en los días de entrenamientos y los tiempos eran muy similares a los que hacía yo, por lo tanto eso me hacía quedar con la tranquilidad de saber que mi rendimiento estaba dado por la capacidad mecánica del auto. No había como sacarle demasiado más.

La convivencia con los ingenieros, mecánicos, pilotos era chorísima. Luego de terminar las pruebas, nos íbamos a comer, o jugar una pichanga, luego íbamos a algún boliche. Lo pasábamos espectacular. Es otro aspecto que recalco bastante de mi época en Argentina, ya que estaba acostumbrado en Chile a correr y luego inmediatamente irme a la casa. Al otro lado de la cordillera realmente me sentía un piloto de automovilismo 100%.

PASO AL TC2000

En este momento en que Argentina estaba devaluado terminaron uniéndose el TC2000 con la Fórmula Súper Renault, por lo que los valores para correr en el TC2000 bajaron bastante. Eso me enganchó con la categoría. Aun así fue difícil llegar a esa serie, porque había un problema de cupos importante. No era cuestión solamente de tener un maletín grande de plata. En mi caso durante ese 2002 insistí varias veces para integrarme a algún equipo, sobre todo con el de Óscar Fineschi que me gustaba mucho, pero en realidad no había posibilidad.

De todas formas logré que un amigo colocara un anticipo de la plata necesaria para correr una fecha, eso nos permitió acceder a un Honda que era del equipo Pro Racing con el que Daniel Cingolani había ganado un título. El equipo contrató a Guillermo Klissling como ingeniero, quien con su calidad humana y profesional contribuyó de manera decisiva para que yo alucinara durante todo mi periodo en el TC2000. En esa época del TC2000 con 33 años de nuevo era viejo en la categoría. Lo únicos de mi edad eran Belloso, Furlán y Martínez.

AYUDA DE LOS COLEGAS

Estar todo el tiempo con los ingenieros, los mecánicos y los autos fue algo que disfruté mucho. Ese primer fue chorísimo porque apenas me bajaba del auto de inmediato le iba a preguntar al Pato Silva “Patito: ¿dónde freno en esta curva? Tengo problemas aquí acá”, y él siempre me daba todos los datos.

Durante esos tres años que tuve en el TC2000 me la jugué al máximo por hacer las cosas lo mejor posible. Preguntaba todo lo que era necesario, llegaba a la pista los viernes y me subía a un auto de calle siempre acompañado por algún piloto como Silva, Fontana, Spataro o Belloso para que me asesoraran. Ellos fueron súper abiertos y generosos conmigo. Siempre compartieron los datos conmigo, los que servían bastante.

REALIDAD EN EL TC2000

El primer año me costó más. Estaba el tema de acostumbrarse a la tracción delantera, a la posición de manejo y también por otra parte no podía probar mucho porque Fineschi gastaba poco y solo por la presión de Klissling podrían testear de tanto en tanto. Aparte chocar era muy caro (4.000 dólares), por lo tanto debía medirme mucho para no cometer un error. De todos modos tuve carreras bonitas como una en que llegué noveno.

RESULTADOS

Siempre largaba entre el 24 y el 30, que son lugares lógicos para un equipo privado, tal como se ven en las carreras de la actualidad, pero pese a esas ubicaciones tuve carreras bonitas, como una en Buenos Aires y Oberá donde llegué noveno, tuve lindos duelos con el Pato Silva, Gabriel Furlán y Emiliano Spataro, y siempre haciendo tiempos muy competitivos con respecto a mis compañeros de equipo.

Recuerdo que las clasificaciones eran tremendas. Entre los primeros había 6 décimas de diferencia, pero luego había un grupo de 15 autos que estaba separado por apenas 6 a 7 décimas. Una vez en Oberá estaba súper feliz tras clasificar a 9 décimas de la punta, no lo podía creer, pero resulta que igual estaba detrás de los 20. Era el límite mecánico que teníamos.

La verdad que mis mejores resultados se dieron en base al cuidado y ser conservador. Las veces que quise arriesgar y sacar más rendimiento del auto fue para peor porque terminé gastando demás las gomas. En una carrera faltando dos vueltas venía 13° detrás del Pato Silva, y lo pasé aprovechando que él tenía algún problema con los neumáticos. Al final él se reía y me dice “te viene a enseñar y mirá, me terminás ganando”.

Los equipos grandes sacaban un cachito más de rendimiento en la clasificación, pero luego en carreras era capaz de reducir las diferencias. Era lo lógico considerando que ellos son profesionales dedicados 100% al automovilismo en comparación a mi que no entrenaba, viajaba para correr y que debía volver el lunes a hacer trámites en los bancos y volver a la pega. Es algo de lo que no me quejo porque fue un periodo que gocé al máximo. Cumplí un sueño.

TEMPORADA EN RENAULT

En 2004 trabajé con Alberto Scarazzini en el equipo Renault. Fue un año espectacular, lo pasé muy bien. Un equipo muy profesional y con excelentes coequipos como el “Peje” Belloso, que me superaba por apenas 1 décima. Podía entrenar los miércoles en Córdoba. En un día iba a Argentina y volvía a Chile tras rodar unas 10 vueltas con el Renault. Aprendí muchísimo de toda la gente espectacular con la cual tuve el gusto de compartir.

 

200 KILÓMETROS DE BUENOS AIRES

El año 2004 corrí los 200 kilómetros de Buenos Aires en el circuito 9 con Eliseo Salazar. Fue un evento y carrera sensacional, con un ambiente espectacular, 70.000 personas en el circuito. Clasifiqué 22, Eliseo largó la carrera, avanzó bastante en la primera vuelta, quedó 18°, pero después empezó a perder varias ubicaciones. Cuando tomé el auto estaba 28, una vuelta detrás, y luego comencé a recuperar hasta terminar noveno. Si no hubiéramos perdido esa vuelta seguramente terminábamos más adelante, ya que mi coequipo Belloso junto a su invitado José Luis di Palma en el Renault llegaron cuarto.

En la temporada siguiente disputé esa carrera en el circuito número 12 con Leonel Larrauri, tristemente implicado en la reciente muerte de Guido Falaschi. Él me ayudó con lucas para esa prueba., Largué yo, le pasé el auto en el puesto 14 y Leo venía décimo faltando una vuelta, hasta que se salió y terminamos 14.

El 2006 no pude seguir con Renault y me enganché ya partiendo el campeonato con el equipo Ford privado –Berta C-. Fuimos mejorando los autos, tuvimos buenos ingenieros, pero no podíamos lograr mucho. El TC2000 se fue encareciendo, por otro lado mi familia fue creciendo, lo que me llevó a alejarme definitivamente de Argentina.

Viendo las cosas en retrospectiva, me he dado cuenta que los pilotos que están en equipos privados tienen el mismo rendimiento que tenía yo entre 2003 y 2006. Más no se puede hacer.  Siempre fui realista. Nunca me engañé diciendo soy un gran piloto, le puedo ganar a cualquiera. Llegué mayor a Argentina, por lo que mi intención era aprender y superarme, y en ese sentido me dejó conforme porque fui competitivo. Por eso me quedo tranquilo y contento por todo lo hecho durante esos años.

BALANCE DE LOS AÑOS EN ARGENTINA

Fueron alucinantes. Este periplo en Argentina lo hice por un interés personal de no acabar mi vida en el deporte que más me gustaba, con la frustración de haberme limitado a solo correr en Las Vizcachas.  Fue alucinante cumplir el sueño de correr en un automovilismo de verdad.

BLOQUE VINTAGE: JULIO INFANTE ARGENTINA

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