En los capítulos anteriores de nuestra sección vintage hemos dado cuenta de múltiples momentos gloriosos vinculados a nuestras grandes figuras de la Fórmula 3, pero no podemos cerrar 2018 sin brindar un espacio a uno de los episodios más felices de las últimas décadas, y es que en este año se han cumplido dos décadas exactas del título en la clase B de la F3 Sudamericana por parte de uno de los pilotos más exitosos de nuestro país. Nos referimos a Ramón Ibarra Palomino, quien a lo largo de su larga y exitosa carrera deportiva ha mostrado toda su polifuncionalidad ganando en disciplinas tan distintas como el bicicross, el automovilismo de velocidad y el rally.

Cuatro veces campeón consecutivo de la F3 Nacional, Ibarra entre 1994 y 1998 no solo se dio el gusto de correr en la por entonces principal categoría de monoplazas en Sudamérica, sino que además enfrentarse a algunos de los mejores pilotos de la región como Ricardo Zonta, Bruno Junqueira, Gabriel Furlán, Max Wilson, “Pato” Silva y “Guri” Martínez, una experiencia inolvidable que bien merece la pena repasar.

En nuestra primera parte de este memorable recuerdo, Ibarra nos cuenta cómo llegó a la F3 “Sudam”, cuán demandante física y técnicamente era correr en ese tipo de monoplazas, su satisfacción de marcar mejores tiempos que los F1 en el circuito de los hermanos Gálvez en Buenos Aires y además comparte pormenores sobre su breve pero enriquecedora experiencia probando en el temido tri-óvalo de Walt Disney en Orlando.

Ramón, ¿cómo se dio el paso a la F3 Sudamericana?

“Gracias a los resultados que logramos en la F3 Nacional forjamos una muy buena relación con Valvoline. Ellos nos invitaron a ver las 500 millas de Indianápolis, evento que me impresionó mucho, y ahí conocimos a la gente de la marca en Estados Unidos, lo que nos fue abriendo la posibilidad de optar a correr en la F3 Sudamericana, ya que por entonces Valvoline apoyaba al paraguayo Danny Candia. Eso hacía pensar que no era tan loco encontrar el apoyo, y en definitiva se nos fueron dando las cosas, ya que a los pocos meses pude debutar en la categoría gracias al apoyo de Valvoline internacional”.

¿Cuáles son los recuerdos de tus primeros años en la categoría?

“Mis comienzos fueron buenos, pero luego cuando pasé al equipo de Gabriel Furlán con un Dallara (año 1995) la categoría vivió uno de sus momentos de mayor competitividad y se hacía difícil estar en puestos de avanzada. Por aquel entonces participaban muchos pilotos brasileños, incluso algunos que pasaron más adelante a la F1 (Ricardo Zonta). Aprendí mucho en esa época”.

Corriste para el equipo de Gabriel Furlán (máximo campeón histórico de la F3 Sudamericana). ¿Cómo fue la experiencia?

“Tengo una muy buena opinión de Gabriel Furlán. Como piloto era excelente, a veces no era fácil en el trato, pero lo recuerdo como una persona correcta y nunca tuvimos problemas. Una anécdota simpática que recuerdo es de la fecha en Buenos Aires cuando fuimos teloneros de la Fórmula 1 (año 1995). En esa oportunidad por distintos motivos él clasificó mucho más atrás que yo en una sesión con lluvia, y luego en carrera me pilló y no lo dejé sin pasar sin darme cuenta de quien se trataba. Si bien por mi lado estaba defendiendo mi posición, luego de la carrera me mostró su molestia diciendo que cómo era posible que no le hubiese cedido rápido el lugar. Él fue bien duro, y por mi lado le respondí de la misma forma, ya que no tenía porque haberle cedido la ubicación. Fue un asunto puntual, ya que en general tuvimos una relación muy buena y además era una persona súper ordenada, que sabía cumplir como piloto, dueño de equipo y miembro en la organización de la categoría. Un gran personaje”.

Ya que hablas de Buenos Aires 1995, fue un gran fin de semana para ti clasificándote 5° por delante de muchos pilotos de punta.

“Clasifiqué muy bien. Recuerdo que en los entrenamientos que realicé sobre ese circuito no tenía instalada la butaca. Gabriel Furlán se había comprometido a llevar el poliuretano para hacerme la butaca, pero por uno u otro motivo no lo consiguió, por lo tanto en los primeros ensayos me subí al auto sin butaca, prácticamente corriendo con cojines, lo que era muy incómodo pues el auto se movía muchísimo. Luego pudimos hacer la butaca, pero el problema es que la prueba la hice con un buzo delgadito Momo que me había entregado Matías Velasco y luego en la carrera utilicé un buzo más grueso con el que quedaba muy apretado en el auto. Como consecuencia de aquello me comencé a quedar sin circulación y a quemar. En ese instante pensé que se había roto una manguera de agua o de aceite. No sabía que hacer, si seguir o parar, y entre medio, de tanto pensar, me salí de la pista. Me bajé del auto y no vi nada. ¿Qué pasó aquí? Llego a boxes y me preguntaron que pasó. Les comenté que me estaba quemando, pero me contestaban que no era posible si no había nada en el auto. Es una de esas cosas que nunca terminé por entender del todo y además fue una pena porque estaba haciendo una muy buena carrera”.

En tu temporada debut (1994) lograste rápidamente insertarte en los puestos de avanzada, pero luego al pasar a Dallara las cosas no resultaron fáciles. ¿A qué se debió esto?

“En el Ralt de 1994 me sentía más cómodo que en el Dallara, pese a que era un auto de generación más antigua que el Dallara. Por algún motivo me sentía mejor en ese monoplaza, marcaba mejores tiempos y estaba más cerca de los pilotos de punta. Cuando pasé al Dallara (chasis 394) pensé que todo iría muy bien, pero no fue tan efectivo, ya que era muy complicado de poner a punto. De todos modos logré resultados entre los 6 mejores y sumar puntos en el campeonato de 1995”.

Luego de esas temporadas en la F3 Sudamericana tuviste oportunidad de probar en la categoría USF2000 corriendo en óvalo. ¿Cómo viviste ese test?

“Llegamos a Orlando con mi padre y llovía y llovía. Eliseo Salazar quedó de entregarnos el contacto para hacer una prueba, pero nadie sabía nada. Afortunadamente un jefe de equipo nos vio, nos entregó sus montos y nos dio la chance de probar uno de sus autos. Hice buenos tiempos y salí súper bien evaluado por el team. Sin mentirte hice el segundo o tercer mejor crono de esos entrenamientos. El monoplaza era similar en rendimiento al de la F3 Sudamericana, con una velocidad de ingreso por curva muy alta a la que debías acostumbrarte, ya que tenías muy cerca los muros. El tri-óvalo de Walt Disney era bien complicado, con una curva que se hacía a fondo. El objetivo era hacer un buen tiempo y no irme al muro, por lo que no corrí ningún riesgo innecesario. De lo contrario no solo rompía el auto, sino que además pagar los daños. Por suerte todo salió bien, disfruté de la experiencia de girar en un circuito acelerando casi toda la vuelta con el pedal a fondo y en el que prácticamente no se ocupaban los frenos, lo cual fue muy bueno considerando que el auto tenía los frenos muy deficientes (risas), Lamentablemente no se dio la oportunidad de correr en esa categoría que era antesala a la Indy Racing League. Los montos para hacer una temporada completa eran bastante más aterrizados comparado a lo que se da ahora en el automovilismo internacional, de hecho eran un poco menores a la F3 Sudamericana, pero de todos modos guardo muy buenos recuerdos de esos entrenamientos”.

¿Cuáles fueron los principales secretos que aprendiste del manejo en óvalo?

“La clave está en buscar que el monoplaza se vaya un poco de trompa, ir equilibrándolo paso a paso para así mejorar los tiempos, pero siempre evitando pasarse para el otro lado, ya que si sobrevira (ida de cola) seguro terminas yéndote contra el muro al no tener tiempo para corregirlo”.

Luego de un 1996 prácticamente focalizado en la F3 chilena, al año siguiente tuviste la posibilidad de volver en algunas carreras de la “Sudam” y ser parte del debut internacional de Codegua. ¿Cómo fue ese momento?

“Bastante bonito, aunque el fin de semana partió complicado ya que luego de sufrir un trompo fui embestido por un piloto brasileño que me pegó por un costado. Producto de esto se dañó bastante el auto y clasifiqué muy atrás. En carrera veníamos bien, pero a pocas vueltas del final debí abandonar a raíz de la rotura del piñón de la caja de cambios”.

ANÉCDOTAS PARA EL RECUERDO

 

Viajes maratónicos

“Las distancias que recorríamos para viajar a las carreras de la F3 Sudamericana eran bien importantes. Recuerdo que una vez me fui en bus de Córdoba a Londrina, Brasil. El viaje me tenía loco. Lo único que quería era una cama y un hotel. No fue nada fácil, porque más allá que no vas haciendo nada en el viaje, es muy agotador porque comes, descansas y duermes mal. La verdad es que llegué bastante agotado a esa carrera, pero todos estábamos aperrando y haciendo esfuerzos para disputar las fechas del campeonato”.

Compartiendo con un tricampeón mundial

“Tuve ocasión de correr una fecha en Brasilia con Nelson Piquet. Incluso recuerdo que me subí al podio con él”.

Tiempazo al límite

“En una carrera en Brasil recuerdo que en la primera clasificación fui el mejor clasificado fuera de los locales, ubicándome por delante de todos los argentinos. Fue impresionante. Me preguntaban cómo lo había logrado y les decía que simplemente me había tirado a fondo casi cerrando los ojos. Fue un tiempazo que no logré repetir jamás. En aquella época teníamos un set de neumáticos nuevos para la clasificación cuyo máximo rendimiento solo duraba dos vueltas. Muchas veces pasaba que justo en tu vuelta te encontrabas con tráfico y perdías la posibilidad, ya que las gomas duraban lo mínimo”.

Sufrimiento permanente

“No sé si los brasileños eran mala leche, pero recuerdo que una vez me encontré con un compadre que iba a la vuelta de la rueda justo cuando estaba a punto de completar un tiempo muy bueno. De lejos lo logré divisar y por más que pensaba qué hacer, en definitiva no me quedó más que frenar porque él estaba ocupando la trayectoria ideal. Era muy frustrante”.

Incredulidad ante la perfección yanqui

“En la tanda matutina de la práctica en Orlando con el auto del USF2000 se rompió el motor. El equipo en ese momento me comunica que en 45 minutos tendrían montada una nueva unidad motriz, por lo tanto me fui a almorzar. El asunto es que me lo tomé con calma y volví a la pista como a la hora y 15 minutos, y no podía creerlo, pero el auto ya estaba listo para volver a salir al óvalo”.

Compañero de lujo

“Compartí equipo con Emiliano Spataro. Él tenía menos experiencia que yo, por lo tanto en ese minuto me encontraba en un nivel más alto dentro de la escudería de Gabriel Furlán. Nunca tuvimos problemas en la interna”.

Alta exigencia

“El esfuerzo físico en esos autos era muy alto, con fuerzas G de frenaje y lateral muy elevadas. Era una época en que aun no se usaba HANS, y recuerdo que con el aire te salían lágrimas de los ojos, que luego quedaban pegadas en la visera cuando llegaba el momento de frenar. Eran sensaciones bien extremas”.

Disfrutando en un autódromo mítico

“Una de las curvas que más recuerdo de la F3 Sudamericana era Ascari de Buenos Aires. Era muy, muy rápida y extremadamente desafiante, ya que necesitabas de un buen auto para hacerla a fondo. Entrenaba mucho en esa pista con el equipo de Gabriel Furlán y la verdad es que se me daba bien. Me quedé con las ganas de correr en la versión larga que ocupa actualmente el Súper TC 2000 y el Turismo Carretera, pero de todas formas pude girar en varias de las combinaciones que tiene el circuito de los hermanos Gálvez”.

Satisfacción personal

“Mi tiempo cuando corrimos de previa del Gran Premio de Argentina fue mejor que el de los autos de Fórmula 1, ya que ellos clasificaron con lluvia (1995).  Quedé como el chileno con mejor crono en esa pista superando el que tenía Felipe Horta en el Mundial de Motociclismo. Recuerdo que en el avión de regreso a Santiago muchos chilenos me aplaudieron”.

BLOQUE VINTAGE: RAMÓN IBARRA Y SU NOTABLE GESTA SUDAMERICANA (PARTE 1)

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