La semana pasada les compartimos el camino que recorrió el tetracampeón de la F3 chilena en su paso por la súper competitiva “Sudam”, pero nos dejamos guardado para un segundo capítulo su exitosa campaña 1998 que se tradujo que la conquista del título en la clase B, uno de los máximos logros alcanzados hasta la fecha por un piloto chileno en el ámbito internacional.

Con la tranquilidad y madurez que entregan el paso de los años Ibarra rememora sus vivencias de esa paradójica temporada, que por un lado le entregó su máximo logro en el automovilismo de pista, pero que por otra parte terminó marcando su adiós de los circuitos para enfrentar otro desafío muy distinto en el rally.

 

Ramón, tras varios títulos nacionales la falta de sponsors parecía complicar tu continuidad en la F3 Sudamericana, pero lograste salir adelante e iniciar tu época más dorada.

“Si, tras un 1997 prácticamente dedicado a la F3 chilena, al año siguiente logré volver a la “Sudam” para incorporarme a la clase B. Claro que me habría gustado correr en la serie A, pero los valores se habían elevado mucho tanto a nivel de motores como de neumáticos. Por contraparte a esa altura estaban presentes en el campeonato Espn y Firestone, por lo que la difusión de la F3 Sudamericana subió bastante, sin embargo, fue muy difícil conseguir el apoyo para correr esa temporada. En un inicio tuve el patrocinio de Cristal, pero pese a que gané todas las primeras fechas de la clase B me cortaron el auspicio sin que hasta hoy tenga claro los motivos. Pese a todas las complicaciones logré seguir ese año bastante a pulso y en definitiva lograr el título de la serie”.

En esa campaña pasaste al equipo del recordado Gabriel Werner (Q.E.P.D.). ¿Cómo te sentiste en ese team luego de la experiencia con Furlán?

“Tengo los mejores recuerdos. Por diversos motivos me tenían rebuena en el equipo. La escudería estaba conformada por Gabriel y su padre, y además recuerdo que Mariano Werner (actual piloto de TC y Súper TC2000) siendo muy pequeño ya andaba peluseando por todos los pits. A nivel de mecánicos tenían dos, uno de ellos era Juan con el que mantengo contacto por Facebook hasta el día de hoy. Según ellos yo andaba mejor que Gabriel, tenía mejor paso por curva y cuidaba más el motor. Me tenían buena y me dejaban el auto bien puesto a punto. Gabriel, por su parte, hacía bien la pega como piloto y jefe de equipo, atendiendo mi monoplaza de excelente forma”.

¿Cuáles eran las mayores diferencias técnicas entre los autos de la clase B con respecto a los de la serie mayor A?

“Los autos de la clase A tenían la brida más grande en el motor, lo que hacía que tuviese más potencia pero al mismo tiempo una exigencia mayor, por lo que los costos de mantención eran más altos. Además los autos (Dallara) eran más nuevos y usaban más juegos de neumáticos, todos factores que incidían para que marcaran tiempos por vuelta más rápidos que los monoplazas de la clase B”.

Tuviste buenos rivales en la serie B como el uruguayo Fernando Rama y el brasileño Alex Sperafico. ¿Cuán especial fue ganar ese título?

“Fue una bonita temporada que me trae excelentes recuerdos. Partí ganando en Temuco, luego conseguí varias victorias más y logré llevarme el título en la carrera de Sao Paulo (circuito de Interlagos). Después falté a las dos fechas finales, pero ya el cetro estaba en mi poder”.

Increíblemente el título que conseguiste en la clase B marcó el final de tu carrera internacional.

“Si, aunque en realidad estuvimos haciendo todo lo posible para volver el año 2000. En algún minuto hablamos para incorporarnos al team de Augusto Cesario, pero había que tener sus lucas para ingresar (risas). De todas formas me las había ingeniado para conseguir el apoyo de cara a correr la primera fecha del año 2000 que se disputaría en Viña del Mar, pero la carrera se canceló y con ello los recursos de mi sponsor se fueron al rally, y así fue como mi carrera deportiva pasó de la pista al RallyMobil”.

¿Qué te dejó como balance tu etapa en la F3 Sudamericana?

“Fue una época muy bonita, pero al mismo tiempo difícil. Ahora que conversamos y recuerdo esa era me trae mucha nostalgia. Con el paso de los años valoro más lo que logré, ya que hicimos un trabajo bien a pulso”.

¿Cuánto te ayudó la F3 chilena en tu desarrollo posterior a nivel internacional?

“Fue importante ya que la Fórmula 3 nacional tenía un muy buen nivel, y si bien los autos eran de una generación más antigua, los motores andaban rápido y había varios pilotos de bastante calidad como Gonzalo Alcalde, Santiago Bengolea, Kurt Horta, Martín Ferrer, Giuseppe Bacigalupo, Mauricio Perrot, Lino Pesce, Juan Carlos Carbonell e Iván Mesías. Con nuestro preparador de siempre Norberto Morales trabajamos muy fuerte para ganar en la categoría y lograr 4 títulos consecutivos (1994-97)”.

Por último, no puedo de preguntarte. ¿Te quedas con el automovilismo en pista o con el rally?

“Es difícil decirlo. Creo que más con la pista. En ambos he conseguido grandes alegrías, pero en el rally todo ha sido más por la vía del esfuerzo, mientras que en la pista todo me salía más natural y los resultados llegaban más rápido. Son disciplinas muy distintas y ambas me han entregado muchas satisfacciones”.

BONUS:

La Fórmula 3 Sudamericana y las distintas visiones entre argentinos y brasileños.

“Durante los años en la F3 Sudam fui tomando más experiencia y adquiriendo más conocimientos. De hecho Gabriel Furlán sabía mucho de la parte electrónica y me ayudó bastante en esa área. La categoría era bien compleja técnicamente hablando, porque había muchas variables en la puesta a punto. Aprendí muchísimo, pero a nivel técnico no te podría decir que existía una sola forma para hacer las cosas bien. No había una verdad absoluta sobre lo que era correcto e incorrecto. Los argentinos tenían sus interpretaciones, los brasileños las suyas, y a ambos les funcionaban. No existía un manual claro, por lo que a veces no podías entender las contracciones entre la puesta a punto de los brasileños y argentinos, ya que con puntos de vista totalmente distintos lograban hacer rendir de igual forma los autos. Lo mejor en definitiva era optar por las soluciones que a ti te calzaran bien”.

BLOQUE VINTAGE: RAMÓN IBARRA Y LA CONSECUSIÓN DE UN SUEÑO, PARTE II

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